No codiciarás los bienes ajenos
Este mandamiento está contenido en el séptimo. Pero insiste en que también se puede pecar deseando tomar lo ajeno. Se trata, naturalmente, de un deseo desordenado y consentido.
Eso no quiere decir que sera pecado el desear tener, si pudieras lícitamente, una cosa como la de tu prójimo.
Este mandamiento no prohíbe un ordenado deseo de riquezas, más bien manda a conformarnos con los bienes que Dios nos ha dado y con los que honradamente podamos adquirir.
Este mandamiento no prohíbe un ordenado deseo de riquezas, más bien manda a conformarnos con los bienes que Dios nos ha dado y con los que honradamente podamos adquirir.
“La codicia rompe el saco”, dice el refrán. La codicia apunta al corazón, inclinado a los apegos.
Este mandamiento apunta al deseo de toda persona a ser feliz y nos lleva a dos importantes preguntas:
¿Dónde reside la felicidad? ¿En el dinero, en el tener cosas?
Dios con este mandamiento quiere que busquemos la felicidad donde sí la podemos encontrar y no quiere que perdamos lo más valioso que tenemos por buscar tener más y más bienes materiales, que siempre son perecederos y efímeros.
¿Dónde reside la felicidad? ¿En el dinero, en el tener cosas?
Dios con este mandamiento quiere que busquemos la felicidad donde sí la podemos encontrar y no quiere que perdamos lo más valioso que tenemos por buscar tener más y más bienes materiales, que siempre son perecederos y efímeros.
Aunque este mandamiento está formulado en forma negativa, sin embargo entraña un contenido positivo, porque Dios te invita al desprendimiento para que tu corazón sea feliz y no sea un esclavo de los bienes materiales y económicos, sobre todo de esos dos tiranos: la codicia (deseo desordenado de riquezas), y la avaricia (deseo desordenado de conservar las poseídas).
Avaricia o codicia
Definición: Es el amor desordenado a los bienes terrenales (nuestro dinero, casa, hijos, cosas). Avaricia es el acaparamiento desordenado de bienes materiales. El desorden puede estar:
- En la intención: desear las riquezas por ellas mismas, como un fin y no como un medio para poder vestir y alimentar a la propia familia y para ayudar a la Iglesia y a los más necesitados.
- En la manera de conseguir esa riqueza; por ejemplo con ansiedad, por todos los medios posibles (a veces ilícitos y malos), dañando al prójimo, la propia salud, la de nuestros empleados, si somos jefes, haciéndoles trabajar más horas de las debidas.
- En la manera de usarla, sólo para ti, todo para ti, en vez de usarla para los más necesitados, en obras de caridad, de sanidad.
Todo esto es muy grave porque se llega a convertir al dinero en ídolo. Nadie puede servir a Dios y al dinero (Mateo 6, 24).
Algunas de las consecuencias son:
Algunas de las consecuencias son:
- Una gran desazón interior, intranquilidad.
- Te impide volar hacia la santidad, te ata aquí abajo.
- Te impide hacer apostolado, que es misión del bautizado.
- Tu corazón queda aprisionado.
Al igual que muchos han echado a perder su vida convirtiendo en oro hasta a su propia hija, también nosotros podemos echar a perder lo que más amamos si nos dejamos llevar por la codicia.
Dios no desea esto para el hombre y por eso le da el décimo mandamiento. Él quiere que busquemos la felicidad donde sí la podemos encontrar y no quiere que perdamos lo más valioso que tenemos por buscar tener más y más bienes materiales.
Y por eso les doy algunas recomendaciones para estar bien con nosotros mismos y estas son:
- Reflexionar en que las riquezas no son fin sino medios que Dios nos da para remediar nuestras necesidades y las de los demás.
- Reflexionar que eres administrador y no dueño de tu riqueza
- Reflexionar que el dinero es pasajero, efímero, que hoy lo tienes y mañana lo puedes perder.
- Reflexionar que el dinero no lo llevarás a la otra vida y en cambio llevarás las obras buenas que has hecho. Si fueras prudente atesorarías para el cielo y no para la tierra (Mateo 6, 19-20). Pon todo en manos de Dios. Las manos de Dios son más seguras que un banco o mil acciones de bolsa y que cualquier empresa que puede quebrar.
- Cultivo de la pureza del corazón y del desprendimiento interior. Cuanto más puro, más desprendido serás.
Este mandamiento nos manda a conformarnos con los bienes que Dios nos ha dado y con los que honradamente podamos adquirir. Pero sí sería pecado murmurar con rabia contra Dios porque no te da más; y tener envidia de los bienes ajenos .
La Iglesia exalta el desprendimiento de los bienes de este mundo. Pero esto no se opone al progreso que tiende a hacer desaparecer la miseria que impide practicar la virtud de algunos sectores sociales.
La Iglesia exalta el desprendimiento de los bienes de este mundo. Pero esto no se opone al progreso que tiende a hacer desaparecer la miseria que impide practicar la virtud de algunos sectores sociales.
Mi opinión:
No solo este mandamiento es el mas importante sino los demás porque son leyes que Dios nos puso para obedecerlas pero el hombre moderno no comprende los mandamientos; los toma por prohibiciones arbitrarias de Dios, por límites puestos a su libertad. Pero los mandamientos de Dios son una manifestación de su amor y de su solicitud paterna por el hombre.Cuida de practicar lo que te hará feliz.
Jesús resumió todos los mandamientos, es más, toda la Biblia, en un único mandamiento, el del amor a Dios y al prójimo. «De estos dos mandamientos penden toda la Ley y los Profetas» . Tenía razón San Agustín al decir: «Ama y haz lo que quieras». Porque si uno ama de verdad, todo lo que haga será para bien. Incluso si reprocha y corrige, será por amor, por el bien de otro.
Pero los diez mandamientos hay que observarlos en conjunto; no se pueden observar cinco y violar los otros cinco, o incluso uno solo de ellos. Ciertos hombres de la mafia honran escrupulosamente a su padre y a su madre; pero se permitirían desear la mujer del prójimo, y si un hijo suyo blasfemia le reprochan ásperamente, pero no matar, no mentir, no codiciar los bienes ajenos, son tema aparte. Deberíamos examinar nuestra vida para ver si también nosotros hacemos algo parecido, esto es, si observamos escrupulosamente algunos mandamientos y transgredimos alegremente otros, aunque no sean los mismos de los mafiosos.
Así que ya sabes todos los mandamientos son importantes y debes obedecerlos cada uno.


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